Hace ya días que no veo a la chica de la gabardina roja. Cuando tienes que viajar en tren cada mañana, poco a poco te vas quedando con las caras de los pasajeros. Sabes quién sube en tu estación, a qué hora, cuándo vuelve... Hay un padre con sombrero de cowboy que siempre lleva a sus dos hijos al colegio. Está el chico del abrigo blanco y la mochila, la chica del bolsito de Tous, el que lleva la música a todo volumen (y que me recuerda que mi mp3 está muerto)... Y, entre tantas caras, entre estación y estación, se abre el cielo blanco y va saliendo sol. Y, como he dicho tantas veces, cada amanecer es distinto, como las personas que subimos al tren cada día. Privilegios del viaje...
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