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Duna Loves

SANZera (II)

Alejandro Sanz, un rebelde con causa
El cantante pasa la prueba de su disco 'No es lo mismo' y termina convenciendo a un público dubitativo como se esperaba, pero con mesura. Tal vez la que viene imponiendo Alejandro Sanz en este proceso de madurez que atraviesa desde la histérica gira 'El alma al aire', en 2001. Alejandro Sanz ha pasado por Málaga en plena metamorfosis, un proceso que le ha costado algún que otro divorcio con sus incondicionales a raíz de la edición de 'No es lo mismo', para algunos puede que su mejor trabajo.
Si hay distanciamiento entre Alejandro y sus seguidores no lo exhibió sobremanera el público malagueño, que acudió a La Rosaleda en un número lígeramente inferior al de la anterior cita, pero no necesariamente a causa del supuesto desencanto que ha provocado su álbum más reciente.
Es más, el buen ánimo de los presentes quedó ratificado con un excelente recibimiento a la inesperada telonera Julieta Venegas, un nombre desconocido para la audiencia de Alejandro Sanz pero que venía contando con muchos admiradores en la escena alternativa.

Se lanzó
La mexicana irrumpió una media hora antes de que apareciera el astro y casi sin plataforma se lanzó con audacia con un simple pero acentuado «Buenas noches, soy Julieta Venegas», suficiente
presentación para atraer la atención y desplegar sus muchos recursos.
En cinco canciones se ganó una nueva panda de seguidores y un buen subidón de orgullo iluminó la cara y la voz de esta linda mexicanita, que seguramente dará que hablar porque si no lo tiene todo, cuenta con mucha energía propia: voz, lindeza y la conocida preparación con la que llegan los artistas sudamericanos.
Preparado el ambiente para el gran momento que todos esperaban y con los preámbulos ya conocidos (cuenta atrás incluida), es espectáculo
comenzó con un amasijo de sonidos entre los que se dilucidaban golpes de batería, instrumentos eléctricos, algún rasurado de flamenco y la figura del deseado entre el inexplicable bosque humano que constituían la docena de músicos que acompañan a Sanz. Con eso y el clamor popular, la suerte estaba echada, a pesar de que el héroe tuvo la gallardía de empezar con el tema '12 por 8', de su último disco.
Hasta ahí, normal, pero es que luego siguió otro y hasta el tercero no apareció el tierno artista que arrastra pasiones y multitudes.

El perdón
De forma humilde y también inteligente, Alejandro Sanz administró con cuenta gotas las nuevas canciones, que entremezcló con los éxitos de toda la vida. la pregunta en el aire era: ¿Ha perdonado el público a Alejandro Sanz su metamorfosis? Por lo visto y oído ayer en La Rosaleda se diría que sí, pero es evidente que no ha sido fácil. Pese a las resistencias iniciales, el madrileño ha conseguido vender más de un millón de ejemplares de 'No es lo mismo', toda una declaración de intenciones además de un trámite obligado, aunque arriesgado, para mantenerse en la carrera profesional.
No fue tan duro soltar esas nuevas canciones que sus adeptos hasta ayer adolescente y que a partir de ahora puede serán acogidas con mucho más cariño. Nuevos sonidos, guitarras excepcionalmente afiladas, vientos latinos (alguno que otro incrustado en la canción de forma gratuita) no pueden más que ampliar las miras de los oyentes y sacarlos de la eterna melodía del 'Corazón partío'. Por cierto, el celebérrimo tema cayó en el repertorio final, con cambio de camiseta incluido.
Ayer se abrió el cantante y mucho, tanto que se atrevió a interpretar alguna chirigota de la ciudad que tanto admira y conectar de lleno con la fibra sensible del público andaluz. Tal y como hizo para presentarse con un certero «Que pasa, Malaguita».
DIARIO SUR


Fue increíble... no hay más palabras... La música increíble, cada tema con unas imágenes o efectos visuales como aquel "diccionario": mundo, universo, cosmos; riqueza, dinero; sentir(se)... y aquel diálogo "¿Cuando yo muera... ¿Cuando muramos todos dejaremos de sufrir? o el tema Sandy a orilla do mundo "cantada" en lenguaje de signos en una pantalla por un hombre que, a medida que subía el tono de la canción, se iba manchando la cara y la ropa de negro, en recuerdo al Prestige...
Fue increíble...
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