El pentagrama del pintor de círculos
Lienzos en blanco, pinceles, óleos, paleta, colores, luz, buhardilla y la inspiración de puntillas que pasaba por aquella casa apartada, ¿abandonada? ¿Dónde estaba aquel lugar? Silencio... el maestro está componiendo... En algún lugar vivía un pintor compositor de melodías redondas: un círculo, otro círculo, otro círculo, un trazo, otro círculo... amarillo, azul, de nuevo amarillo, negro, azul... Y trazos para engarzar las esferas y formar cerezas inventadas.Dicen que los cuadros transmiten sensaciones, melodías construidas de notas coloreadas a golpe de pincel que se pueden sentir muy adentro.
La chica, guía del museo, supo transmitir su musicalidad:
Este círculo amarillo es una nota que simboliza la luz. Este, azul, es una nota de amistad. Y de nuevo amarillo. Y de nuevo azul... Y este de aquí, el violeta... el violeta es el color del miedo...
Un pentagrama de color donde el punto final lo pone el miedo. El miedo se tiñe de violeta en los cuadros, pero ¿de qué color es el miedo?
Aquel pintor ya dejó de pintar círculos...
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PD.: Te doy mis ojos.
PD2.: Y van 8 marzos, donde el violenta es un color ausente...
Bueno, pues siguiendo con mi temática de epístola amorosa continua (Cierto es que debo variar un poco. Gracias, Carlos), os dejo este texto que recibí hace tiempo, y que ha venido a mi memoria, para que no caigáis al vacío al saltar. :-)
La verdad existía; era limpia, pura y transparente, razón por la cual pocos la veían. Un día, en los jardines del Olimpo , se encontró con la Duda , caballero apuesto, inquieto, emprendedor, un tanto obeso y de piernas cortas. Tan pronto la vio, se quedó prendado de su hermosura y deseó poseerla. Cupido que andaba por los alrededores disparando flechas, sin ver la Verdad, le atinó al corazón, y entonces, ella se enamoró de la actitud suspicaz de la Duda.
David,
Sofía,
Situada bajo el marco de la puerta, te miro, sentado frente al ordenador, fumando un cigarrillo y con la mirada perdida en la pantalla. Me mantengo firme, con aquella camiseta de colores de corte asimétrico y los tacones negros, sin nada más, para provocar tu mirada... Y, en un desmayo, ahora fingido, te imagino desvistiéndome con tus manos, susurrando aliento de deseo a mis oídos, tatuando tus labios por mi piel, humedeciendo mis esquinas... y yo estoy soñándote tan cerca...
Hoy me he encontrado leyendo, desde la parte más inconsciente de mi consciencia, las teorías sobre el suicidio de Durkheim que un día estudié, hace casi un par de años.
Se detuvo el reloj en el instante, olvidando el tiempo en un segundo.
"Un erizo quiere acercarse a sus amigos, quiere que se preocupen por él y lo comprendan, pero mientras más se acerque, más los dañara."
Al llegar a su destino una sensación le sobrevino... ¿por qué este recuerdo ahora? Hacía ya cuatro años y unos dos meses. Aún recordaba la fecha, parecía tener controlado el tiempo, sin ser consciente de que él la olvidaba. Hace mucho que acabó y ahora sólo era una sensación extraña, un vacío, una nostalgia, ni siquiera un recuerdo, porque le dolería recordar... había llorado mucho, ya no le quedaban más lágrimas aunque le doliera recordar.
Navegando entre mitologías, al fin encontré datos sobre el Anillo de Claddagh.
El viaje de vuelta se nos hizo más corto, más fácil.
Lo encontré, por primera vez, una noche que íbamos todos de juerga. En una calle, mientras deambulábamos buscando un buen bar, apareció saludando a parte del grupo. ¿Y este quién es? Poco después, pasó a formar parte del grupo, aunque quizás no del todo, porque siempre mantiene intacta su independencia. Al principio venía sólo algunas noches: locales, copas, música, baile... bueno, sutiles movimientos que seguían algún compás. Hubo un breve acercamiento entre ambos o un breve intento de que bailaras conmigo; al poco, hubo un acercamiento más íntimo... para acabar con un intenso encuentro. Lo hicimos todo al revés, la verdad, pero no me arrepiento. Tras esto, empezamos a vernos más... hasta que nos vimos a solas... ¡qué nervios! Y, desde ahí, hasta lo que es hoy.
Llevaba en uno de los bolsillos de la chaqueta un recuerdo que ni siquiera recordaba haber guardado, que ni siquiera recordaba haber tenido, pero allí estaba, acurrucado en la esquina de un roído bolsillo.
02:30 de la madrugada. Tras deambular por calles largas y vacías, sola, llegó a la puerta de su casa. Introdujo la llave en la cerradura, la giró despacio quitando así el cerrojo y empujó la puerta de forma suave. Todo estaba oscuro, silencioso y frío.