De vuelta
Y vuelvo a atravesar esa puerta... El mostrador de siempre, el calor de la cafetería, los barullos de gente nueva perdida por los pasillos y la marea que se agolpa ante el tablón de los horarios, las aulas de siempre, profesores nuevos y no tan nuevos... y volver a ver a los amigos, algunos de los cuales no ves desde el último examen. Qué cosas tiene la vuelta a clase, algunas cambian y otras no. Vuelvo a "vivir" en el autobús, a levantarme a las 6 de la mañana para no tener clase hasta las 9.30 (y este año, sin alguien que me acompañe a tan tempranas horas en cafetería)... Vuelvo a la rutina.No estuvo mal la primera clase, la primera asignatura importante de este curso: teoría, prácticas, trabajos y examen; como siempre. Pero es un año más, y los amigos siempre hacen que sea más sencillo y divertido, porque volverán las salidas de los jueves (ésta que viene sin ir más lejos), la fiesta de inauguración del curso, la primavera universitaria... y los madrugones al día siguiente para asistir a la clase de las 8.30 con ojeras que cantan como tres tenores. Sin embargo, este curso me va a faltar alguien, alguien que baje a visitarme durante las horas libres, alguien con quien desayunar, alguien a quien contar lo que hago durante el día, alguien que me haga hueco en su cama después de las juergas... me faltas tú y ahora me sobra la costumbre de tu presencia, pero supongo que, como todo, me haré a la idea, la idea de leerte y oirte sin llegar a verte, pero me haré a la idea... espero.
Ya ha empezado. Se ha iniciado la larga espera, una espera que pasará más despacio porque sabe que estoy esperando...
El olvido es un regalo del cielo, decía Cervantes. ¿Y qué es olvidar? Porque si aquel recuerdo que olvidaste reaparece o pasea por tu vida con frecuencia, reavivas el recuerdo y de nada sirvió el esfuerzo de olvidar. Pero si aparece una imagen nueva, ese recuerdo imposible de olvidar, esa imagen que reaparece intermitente, puede ser sustituida, y puedes rehacer tu memoria. Aún así, hay recuerdos vivientes que se clavan dentro, que te revolotean en la cabeza de vez en cuando, regalándote impulsos irracionales de arrepentimiento inmediato. Y a ti te duele, y haces daño, pero no puedes evitarlo porque es lo que sientes, lo que te martillea por dentro, y cuando te des cuenta podrás bailar con la vergüenza, vergüenza de haber regalado palabras pasadas de tiempo con forma de sentida despedida, vergüenza de dar lástima; pero se supera, porque eso es el olvido, porque hablan de él los que lo han vivido, porque también lo he vivido. Jugar a daga atravesada de agua y sal hace daño al atravesado y al arma, y el doble filo salpica. No llores, respira hondo, contente, camina hacia adelante y olvida lo que debas sin que suene a despedida, porque vamos a sufrir lo mismo pero a distancias distintas.
El reloj intensifica su cuenta atrás.
Recuerda L'expresso de Virginia, el café que nos recogió de nuevo en un rincón de su aroma para volver a sonreír... a pesar de que estábamos mal... y no hace mucho que fue. ¿Volvemos a compartir un café? Pero, esta vez, prométeme desde el principio las caricias, las sonrisas... ¡y el café!
Recuerdo que no hace mucho, cerca de acabar el curso, entregé junto a mis compañeros un reportaje audiovisual sobre el 11-M, "Una semana después". Se elaboró la entrevista, se estructuró, se fue a Madrid a entrevistar a vecinos de las estaciones afectadas y a los manifestantes presentes, y después se montó. Recuerdo que se metieron, como intermedio entre tanta pregunta, unos segundos de las increíbles imágenes de la estación de Atocha: una marea de velas rojas y flores devoraba un rincón de la estación. Como acompañamiento musical a las imágenes, escogimos el tema Le Moulin de Amelie, ese tema que tanto me gusta y del que ya comenté algo anteriormente.
Desperté con un doble nudo agarrado entre el estómago y el corazón. Del extremo libre de la cuerda cuelga una pesa que aumenta su tamaño con el paso de las horas y tira de mi hacia abajo, y me caigo sin poder respirar. Subida a tu cintura descuelgo el columpio de tus brazos, el lugar más seguro, y colúmpiame en tu aliento si pierdo el compás, si respiro a destiempo; se llama ansiedad. Y la vida se va sola, dice que no quiere cajita porque sólo se van a guardar las sonrisas para que nadie le llore al marcharse. Así no notarán mi ausencia...
AMOR A DISTANCIA
...en septiembre. Y va cogida de la mano una imagen duplicada colgada de tu corazón y el mío. Y un hilo elástico nos ata las muñecas opuestas al adiós. En marzo nos volvimos oficiales... en septiembre nos reencontramos en la mitad del camino al aniversario. Y paseamos por el centro comercial tan agarrados... para no olvidar el camino a nuestros cuerpos y poder volver el mes que viene a celebrarlo. Y será el primer octubre que nos felicitemos besándonos de lejos, nos invadirán los recuerdos. Y echaremos cuentas al tiempo que hace que no nos vemos, y nos encontraremos en el punto de partida que nos separó... a lo lejos. Pero, ahora que aún nos tenemos, quiero mi beso en piel, quiero un abrazo de esos tiernos, de esos que salen de dentro y envuelven los sentimientos. Y soplarte al oído en un susurro:
Empezó una nueva semana en mi cuenta atrás. Desde el viernes no paro de ocupar mi tiempo en actividades compartidas con mi otra mitad antes de que todo cambie, por lo cual, no paso mucho por aquí.
Cambios. Creo que todo el mundo cambia, aunque sea en un aspecto mínimo, y tanto en un largo como en un no tan extenso período de tiempo. Sin embargo, a mi no me gustan los cambios. Me acostumbré a verte por las mañanas para acompañarme a desayunar en la cafetería de la facultad, me acostumbré a ocupar las horas libres contigo y a saltarme alguna que otra clase para hacerte una visita, me acostumbré a tus llamadas diarias. Todo está bien como está, me gusta así, ¿por qué tiene que cambiar? Pero la vida está llena de cambios, aunque me cueste aceptarlos... Deberé perder la costumbre y renovarla porque estés lejos, por no verte en mucho tiempo, por conformarme con sólo oir tu voz o leerte, y tendré que acostumbrarme... a la falta de tus besos, los abrazos y las risas, la compañía y la cama compartida. Y que el tiempo nos perdone y no nos haga muchos cambios.
Mar adentro,
Cayeron las primeras gotas de lluvia... El verano se acaba. Y hoy, desde la misma calle, vi llover. Esperaba a la salida de la estación con un libro entre las manos, cuando empezaron a reflejarse en los cuadraditos de la acera las primeras gotas. Tuve que dejar de leer y ocultarme un poco en los escalones de la estación a los que alcanza a cubrir el techo. Las gotas empezaban a ser más numerosas e insistentes, y el agua empezaba a bajar escalones... hasta que tuve que guarecerme por completo en el edificio de RENFE, en el pasillo techado que hay tras salir del andén, tras la puerta abierta desde donde aún se veía algo la calle mojada y la lluvia golpear cada vez con más fuerza. ¡Y yo con las sandalias de pleno verano que ni tienen tacón ni tienen nada! Y ahí estaba, esperando... observando el ir y venir de pasajeros que descendían del último tren, que acababa de hacer su entrada detrás de una corriente de aire. Y seguía esperando... casi las tres de la tarde, apoyada en la puerta, con el bolso caído entre las manos y escudriñando el escaso horizonte que me dejaba el espacio sin mirar a ninguna parte. Me sentía como una niña pequeña, a la salida del colegio un día de lluvia, sentada en un escalón a la entrada del edificio, llorando, sola, porque su madre se olvidó de recogerla... Y se me encharcaron los ojos, vi mi reducido mundo temblar y, en un momento, cuando no miraba, apareció mi "mamá".
Sabes que conservo la primera foto que nos hicimos envuelta en papel transparente y, adornándola, mi trébol, el de cuatro hojas que encontré en alguna parte, para que nos dé suerte. Sólo espero que el punto de fuga no me robe tu imagen llevándose mis recuerdos. Creí haberme hecho a la idea, pero ahora que ya hay fecha, sólo esta imagen en papel fotográfico será lo que me quede para poder verte y no olvidarte
Mis lágrimas se han secado, y la sal que resta sobre mi piel ha formado la primera sonrisa del día. Me ha costado. Nos hemos vuelto a encontrar después del vaso roto, o la botella (nuestra botella). Al principio no podía ser igual, pero acabó siéndolo. Un paseo de charla, un almuerzo de dudas, de sinceridad, una tímida reconciliación bañada en batido de yogurt... y nuestros labios se abrieron, como fruta madura, con la madurez del dolor, de la caída, y saboreamos nuestras bocas endulzadas en empalagoso merengue.
Creo que mi vaso se resquebraja... o ya se rompió...
Me voy de camping, pero será muy breve porque me voy de hoy a mañana, ya que el lunes vuelvo a trabajar. Voy a desconectar un poco de forma rápida. Voy a dejar de lado el sufrimiento y a buscar el momento del placer en buena compañía... Y nada... nos leemos mañana, si no llego muy tarde y muy cansada. Buen fin de semana a todos.
Si seguimos así no va a ser la distancia la que nos separe...