El Dios Salvaje
Gracias a la entrevista a Deneuve que aparece aquí he hecho un descubrimiento literario que ha captado de manera significativa mi atención. Se trata de un fragmento del libro El Dios Salvaje (1969), de Al Álvarez, novelista inglés amigo de la poetisa suicida Silvia Plath. Pues bien, el fragmento es el siguiente:
"Cuando yo iba al colegio había un profesor de física, inusualmente apacible y bastante desorganizado, que se la pasaba hablando en broma del suicidio. Era un hombre bajito de ancha cara rojiza, gran cabeza cubierta de rizos grises y una sonrisa permanentemente atribulada. Se decía que en Cambridge, contrario a la mayoría de sus colegas, había obtenido en su asignatura la nota más alta. Un día, hacia el final de una clase, señaló tenuemente que quien quisiera cortarse la garganta debía cuidarse de meter primero la cabeza en una bolsa, pues de lo contrario dejaría todo hecho un desastre. Todo el mundo se rió. Luego sonó el timbre de la una y todos los muchachos salimos en tropel a almorzar. El profesor de física se fue en bicicleta a su casa, metió la cabeza en una bolsa y se cortó la garganta. No dejó un gran desastre. Yo quedé tremendamente impresionado.
(...)
Después de todo esto debo admitir que soy un suicida frustrado. Es una confesión triste, pues en realidad, no hay nada más fácil que quitarse la vida.
(...)
Yo preparé el acto cuidadosamente, durante largo tiempo, con una suerte de pertinacia ciega. Tal constancia tenía como centro único de mi vida que todo lo demás se volvió irrelevante, mera diversión. Todo arrebato esporádico de trabajo, todo éxito o decepción menor, cualquier momento de relajación y calma parecían apenas una pausa temporaria en un firme descenso por capa tras capa de la depresión, como el de un ascensor que parase un instante camino al sótano. En ningún punto se me ocurrió bajarme o cambiar la dirección del viaje. Y a pesar de todo nunca lo hice.
(...)
Ya no me consideraba infeliz; sólo "tenía problemas". Manera esta optimista de decirlo, ya que los problemas implican soluciones, mientras que la infelicidad es una condición vital con la cual hay que convivir, como el mal tiempo. Una vez hube aceptado que nunca habría respuestas, ni siquiera en la muerte, descubrí sorprendido que ya no me importaba mucho si era feliz o infeliz; ya no existían "problemas" ni "el problema de los problemas". Y eso en sí ya era el comienzo de la felicidad. Hoy parece ridículo haber aprendido tal perogrullada de una forma tan dura, haber tenido casi que morir para poder crecer."
La verdad es que me ha hecho pensar en eso que a veces llamamos, de manera un tanto egoísta, "problemas"...
Es como aquella tarde, en la que me arrepentí de todo, como cantarían los Pereza. Estaba sentada en el escalón al que da pie mi armario. Me abrazaba las piernas y escondía la cabeza entre las rodillas. No podía parar de llorar. Y no dejaba de sonar, una y otra vez, la misma canción...
...resuenan las gotas de lluvia. Sofía, apoyada en la ventana, refleja sus ojos en el cristal antes de mirar a través de él. Mira cómo las gotas caen con fuerza hasta estrellarse contra el suelo. Dirige la mirada hacia el cielo cubierto y gris... vuelve la mirada hacia abajo... grandes charcos.
El día en que se conocieron, profesora y alumno prolongaron su baile hasta la caida noche. La química entre ambos les quemaba las manos al tocarse y sus pasos se fundían en un sólo movimiento al sonido de la música. El dibujo de su tango era perfecto. Se suavizaban las luces, aparecía la luz del gran foco y no existía nada más: se rozaban, entrelazaban sus pies, dejaban latir sus corazones y apenas se apartaban la vista...era un espectáculo muy intenso, porque realmente habían conectado de manera especial, habían tomado el cuerpo de la pasión
En el mes de los coleccionables, Andrea hacía recuento de las piezas de su colección, aún inacabada, y las más extensa de todas las que empezó jamás...
¿Recuerdas lo que te decía en los últimos tiempos? Las lágrimas que no brotan se depositan sobre el corazón, con el tiempo lo cubren de costras y lo paralizan como la cal que se deposita y paraliza los engranajes de la lavadora.
Porque Pablo somos todos...
Este mundo es un capitalista. No quiere compartir la riqueza de la que goza con todos sus vecinos. Y me siento ajeno como pieza de puzzle colocada en el lugar equivocado. Pero sigo caminando, tomando aire a carcajadas y soltándolo todo de una vez para volver a empezar.