Berlín
Las casas mienten en Berlín. Nadie me dijo que tú no estarías aquí. Ahora sólo queda el eco de esas risas en la cama, paisaje de la Antártida lejana. Y en algún lugar sigue sonando tu violín, como una banda sonora gris.
Nada es como decía el manual...
[Imagen by DuNa]
Perseguida por el eco sordo de sus tacones, ella caminaba las calles recién regadas y todavía escarchadas por los restos de la noche. Hacía mucho tiempo que no volvía a casa a estas horas, sola, y después de un viaje en un tren aún vacío. Eran las siete de la mañana cuando puso pie en la estación de llegada. A tan tempranas horas sólo llegó a cruzarse con algún otro fiestero desorientado por el alcohol que buscaba una cafetería donde le sirvieran algo caliente. El olor a pan recién hecho le hizo recordar que tenía el estómago vacío, pero el frío empujaba hacia casa. Así aceleró el paso y su abrigada figura se deshizo entre las luces de las últimas farolas encendidas.
El camino a las heridas es el más difícil de desandar. Quizá pasemos página para tratar de olvidar, pero lo que tengamos que recordar se mantendrá inamovible en la memoria. Puede que recuerde el camino al perdón, ese que aún se escribe a mano... O quizá lo único que te merezcas sea una página en blanco y una lupa que te ayude a encontrar buenas excusas.
Últimamente no sé qué me pasa: no puedo dormir. Las mariposas me saltan en el estómago como desde un trampolín. El calor, la brisa, el ventilador... me cortan la garganta como cuchillos y entre una y otra vuelta acabo manteniéndome despierta toda la noche, con la mirada fija en el techo, a oscuras. Será que realmente existe ese Pepito Grillo que no te deja dormir... Dicen que cuando un problema, después de mucho tiempo, no ha hallado solución éste comienza a cargarte y cargarte pesos a la espalda y ese problema deriva en otros, y todo se complica. Y el dichoso grillito no hace más que recordártelo. Pero entonces escuchas ese tema que, a pesar de sus años, siempre acaba alegrándote la noche. Y sabes que abrazarte a la persona con la que llevas coregrafiando la canción unos cuatro años es la mejor solución del mundo. Aunque luego llegues a casa y no puedas dormir, pero mirarás al techo oscuro de nuevo y acabarás susurrando "I like it like that".