
|
Insomnio y tormenta 02:30 de la madrugada. Tras deambular por calles largas y vacías, sola, llegó a la puerta de su casa. Introdujo la llave en la cerradura, la giró despacio quitando así el cerrojo y empujó la puerta de forma suave. Todo estaba oscuro, silencioso y frío.Extendió una mano decidida buscando el interruptor de la luz. Pequeñas lámparas se encendieron iluminando con su tenue luz todo el salón. Cerró la puerta lentamente y dejó las llaves en el cenicero de la mesita de la entrada, que no tenía luz porque la bombilla no respondía. Pasó al salón sin prestar demasiada atención a lo que la rodeaba, como de costumbre, y colocó su bolso negro suspendido en el brazo de una silla de madera. Se descalzó, escondió los zapatos en un rincón y se acercó a la cocina a por algo de fruta sin encender la luz. De pronto un trueno dio paso a una tormenta que la sobresaltó e hizo que abriera rápidamente la nevera para resguardarse en su débil luz. Cogió una manzana y se dirigió al sofá para pasar el resto de la noche con la mirada perdida en la “conversación” basura del televisor, pero sólo oía los latidos acelerados de su corazón. Esa tormenta que la asustó le hizo recordar aquellos años cuando, siendo aún muy niña, se escondía temblorosa entre las sábanas que la envolvían completamente. Por aquél entonces, lo que más deseaba era que el monstruo negro que rugía desde los cielos dejara de gruñir y llorar porque su comportamiento la hacía saltar de la cama y a veces hasta tenía el atrevimiento de acercarse a la habitación de sus padres cruzando, para ello, un oscuro y largo pasillo. Sin darse cuenta se quedó dormida entre recuerdos. 04:10 de la madrugada. Continuaba incesante la tormenta. Un gran estruendo la hizo abandonar su sueño y con los ojos entreabiertos buscó, todavía algo inconsciente, el mando a distancia que se había perdido entre su cuerpo y el sofá. ¡Vaya por Dios!, se había colado entre los cojines. Nada más encontrarlo pulsó insistentemente el botón de bajar el volumen e intentó recuperar el sueño pero, fue imposible, sus ojos estaban abiertos como platos. En ese momento llegó la desesperación. Empezó a revolverse en el sofá; no encontraba la postura y la maldita tormenta ya le molestaba demasiado. A las 07:00 amanecía y a las 8:00 ya le brillaban los primeros rayos de sol en la cara. Despertó unas horas más tarde con dolor de espalda y aturdida. Apagó el televisor y se asomó tímidamente a la terraza: toda la ropa que había tendido el día anterior estaba totalmente empapada. La verdad es que no le importó. Se encerró en el cuarto de baño, se miró en el espejo y se dio cuenta de que su noche de insomnio había hecho mella en su rostro de forma brutal. Al cabo de un rato, apareció toda aseada, perfumada y vestida y tranquilamente echó un ojo al reloj de la cocina: ¡las diez y media! Se calzó a toda prisa los zapatos que durmieron olvidados en el rincón, arrancó su bolso del brazo de la silla de madera, cogió sus llaves retorcidas del cenicero y salió de casa con un portazo que dejó atrás una larga noche de insomnio y tormenta ya olvidada. Sábado, 17 de Julio de 2004 21:20 Enlace permanente. Tema: La biblioteca de las dunas. Comentarios » Ir a formulario |
...sigue mis huellas...Soy el abismo que mece el Sol con su vértigo. Soy un nudo de antojos. Soy un prisma de luz piramidal. Soy un pez luna. Soy fin y destino.
Temas
Archivos
EnlacesMi pequeña Duna
Suspiros de ArenaSonidos Desérticos
Desde sus ojosCaja de arenaBotonesAbandonaron el Desierto
Llévate un trocito de arenaOtros
|