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Duna Loves

Aquel recuerdo...

Aquel recuerdo... Llevaba en uno de los bolsillos de la chaqueta un recuerdo que ni siquiera recordaba haber guardado, que ni siquiera recordaba haber tenido, pero allí estaba, acurrucado en la esquina de un roído bolsillo.
Esperaba sentado en el banco despintando del parque, a la luz de una farola todavía apagada, mientras se filtraba un atardecer oscuro por sus gafas de sol. Esperaba... sin saberlo, sin esperar... Llegó la noche lentamente, olvidando el camino de vuelta en cada uno de sus pasos cortos, y aún esperaba. Apareció la luna menguada que, con su vista picada, observaba desde lo alto. Todo empequeñecía y aquel recuerdo brillaba cada vez con más fuerza. Pero el hombre dejó de esperar, ya en la madrugada, y el titilar se apagó.
Esperaba sentado en el banco despintado del parque, a la luz de la misma farola, apagada, mientras se filtraba un nuevo atardecer oscuro por sus gafas de sol. Esperaba... Llegó la noche... apareció la luna... aquel recuerdo volvía a brillar. Pero el hombre se marchó con la madrugada, de nuevo. Y la luz se consumió.
El hombre repitió el mismo ritual durante varios días: ver atardecer, llegar la noche y marcharse a la madrugada. Y en su bolsillo algo brillaba a esas horas... Pero no ocurría nada...

Esperaba en una noche más. Hacía viento. Entretuvo su vista en el bailar de las hojas secas.
Unos labios fríos rozaron sus labios y unas cálidas y pequeñas manos se posaron en sus mejillas. Una sensación de dos cuerpos acariciarse, sin dejar escapar el aire, un escalofrío, un deseo, una intención, un paso más... y estaba solo...
Intentaba recordar noche tras noche el recuerdo de aquel beso olvidado en su bolsillo, y recordó la sensación de vacío que le quedó cuando se fue... aquel recuerdo...
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1 comentario

alondra -

que horrible!!!!!
los mios han sido mejores
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