
En mi desnudez desierta,
mi piel esconde sus secretos bajo el eclipse de tu luz,
tu foco de neón, tu tungsteno mal puesto.
No juegues con tu lupa al
veo-veo, no escudriñes mis defectos; así no juego.
Y recorre mi envoltura viva con tus manos, sin miramientos.
Aquí vamos al 50 por ciento:
hay zonas del mapa de tu cuerpo
que sólo recuerda la memoria de mis ojos y el deseo,
igual que para ti esos rincones de mi cuerpo disuelto.
Y esas delicadas alas alborotan mi estómago inquieto,
porque nadie vio antes lo que estás viendo.
Pero antes, si jugamos con mis reglas,
quiero un beso que calme la aceleración que siento,
y cerrar los ojos y mirarnos por dentro...